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Artículos de AME/EBE y Bracho Abogados

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¿Quién mató a Jokin Ceberio?

(Según Wikipedia) A cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada, a lo largo de un tiempo determinado, tanto en el aula, patios…, como a través de las redes sociales, con el nombre específico de “ciberacoso”, denominamos “bullying”.

“BULLYING” EL MALTRATO PSICOLÓGICO, VERBAL O FÍSICO PRODUCIDO ENTRE ESCOLARES DE FORMA REITERADA, A LO LARGO DE UN TIEMPO DETERMINADO, TANTO EN EL AULA, PATIOS, ETC., COMO A TRAVÉS DE REDES SOCIALES.

Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es el “emocional” y se da mayoritariamente en las aulas y patios de los centros escolares. Sus protagonistas son los niños y niñas en proceso de entrada en la adolescencia, siendo ligeramente mayor el porcentaje de niñas en el perfil de las víctimas.

El acoso escolar es una forma característica y extrema de violencia escolar. Éste es una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo y en silencio, ante la indiferencia o la complicidad de otros compañeros.

Este tipo de violencia escolar se caracteriza, por tanto, por una reiteración encaminada a conseguir la “intimidación” de la víctima, implicando un abuso de poder en tanto que es ejercida por un agresor más fuerte (ya sea fortaleza real o percibida subjetivamente). El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el maltratador, generándose como consecuencia, una serie de secuelas psicológicas (aunque estas no formen parte del diagnóstico); es común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. En algunos casos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio e incluso su materialización, consecuencias propias del hostigamiento hacia personas sin límite de edad.

Suelen ser más propensos al acoso escolar aquellos niños que poseen diversidad funcional, entre las cuales se pueden contar el “síndrome de Down, el autismo, síndrome de Asperger, etc.”

El primer caso conocido de acoso escolar en España, sucedió el 21 de septiembre de 2004, fue el de JOKIN, un adolescente de 14 años (a 4 días de cumplir 15) de Guipúzcoa, que tras sufrir meses de acoso escolar por parte de sus compañeros de clase tomó la decisión de suicidarse. No pudiendo soportar, por más tiempo, la carga de sus acosadores, el 21 de septiembre de 2004, tras prácticamente un año de acoso, cogió su bicicleta hasta Fuenterrabía, se subió a la muralla, y se arrojó al vacío. JOKIN, había dejado un mensaje en el ordenador: “libre, oh libre. Mis ojos seguirán aunque paren los pies. Libre, oh libre seré cuando paren mis pies”.

Sus padres se enteraron del suicidio por un vecino que encontró el cadáver.

Existe una tradición vasca: los dantzaris, bailarines que danzan en honor de alguien. La chica que danzó ante el cuerpo aún caliente de JOKIN fue amenazada de muerte.

JOKIN CEBERIO, había nacido en Bilbao, de padre bilbaíno y madre Navarra. Su historia de acoso escolar comenzó en 2003, con motivo del inicio escolar. La situación fue más humillante cuando debido a un problema intestinal que padecía, sufrió una diarrea en la clase y ese hecho involuntario agravó todavía más las burlas, insultos y palizas, que ya venía padeciendo. Sus padres, que se enteraron de ello un mes después, decidieron hablar con el director del centro escolar, para ver si podían hacer algo. JOKIN, avergonzado por este hecho, cuya culpa no fue suya, decidió no ir a clase durante un tiempo; ésa fue la razón por la que sus padres se enteraron de lo que pasaba. Un tiempo después cuando JOKIN se atreve a volver al instituto, un grupo de chicos le pegan una paliza, por chivarse a sus padres.

En verano, JOKIN fue a un campamento para intentar librarse de sus agresores, pero aquello no dio resultado. Se fumó unos porros con cuatro compañeros y fueron descubiertos por un monitor que decidió enviar una carta a los padres. Todos ellos menos JOKIN consiguieron interceptar la carta a sus padres. La madre de JOKIN, tras recibir la carta, se puso en contacto con los demás padres, descubriendo aquella ocultación, entonces JOKIN fue acusado de “chivato” injustamente, porque por su culpa, los padres de los otros chicos también se enteraron. Eso hizo que, al inicio del curso siguiente, aumentaran todavía más las palizas y las burlas hacía el menor, dado que todos se habían enterado de lo que había pasado en el verano. JOKIN, por ese hecho, decide volver a faltar al instituto.

Un año después del suceso inicial, sus compañeros acuerdan cubrir de papel de wáter toda la clase, y el profesor le hizo recoger los papeles exclusivamente a él, y mientras los recogía sus compañeros de clase se burlaban.

Fue un familiar, quien mandó una carta a un diario, para denunciar, que JOKIN no pudiendo soportar las continuas palizas que recibía por parte de algunos compañeros de clase, había decidido que “la paz eterna era mejor que el infierno cotidiano”.

JOKIN, vivió este calvario en silencio. No obtuvo apoyo alguno, ya que no se atrevió a contarlo por miedo. Esto hizo que sus acosadores se sintieran más fuertes para seguir con su acoso. Después de lo sucedido, ocho compañeros fueron imputados y los padres denunciaron al instituto. Los acosadores nunca se arrepintieron de lo que hicieron.

Los padres de JOKIN, a medida que ha pasado el tiempo y se han ido enterando de lo sucedido en las aulas, han llegado al convencimiento que JOKIN no se suicidó, lo “suicidaron”, ya que quienes debieron protegerlo le dejaron “abandonado a su suerte”, y “miraron para otro lado”, ante las agresiones e insultos que sufría.

A medida que se iban conociendo más detalles, sobre las humillaciones, vejaciones y agresiones, más firme era el convencimiento de que sus agresores suicidaron a JOKIN.

Tres de los presuntos acosadores son hijos de profesores del instituto Talaia, al que asistía JOKIN.

Seis días antes del suicidio, una menor mantuvo una charla por internet con uno de los presuntos agresores que decía entre otras cosas “hoy hace un año que te cagaste. Puto cagón”.

Un compañero que no se atrevió a defenderle, ya que las humillaciones eran generalizadas en el instituto, donde a JOKIN la propinaban “collejas” y “cachetes”, envió un mensaje “cuanto más tiempo pasa peor me siento. Es como un gusano que me come mi interior por no haberle defendido”.

Desgraciadamente, no es ni será el último caso. ¿Qué pasa, está la sociedad enferma?

Los expertos señalan que fallan los mecanismos de detección y prevención, y no existe la colaboración precisa entre docentes y familias.

Lo cierto es que los padres denunciaron al centro, pues algunos profesores no estuvieron a la altura. El desenlace del juicio fue una irrisoria sentencia a unos meses de libertad vigilada, cuando el caso tenía todas las agravantes: actuación en grupo, premeditación, alevosía, abuso de confianza y delito continuado.

La disculpa de los acosadores fue: “no pretendíamos que JOKIN se suicidase”.

En los centros de enseñanza se están viviendo desde hace tiempo situaciones de alto riesgo. Las amenazas, los insultos, el hostigamiento, las agresiones físicas y la caza y tortura del débil, del diferente o simplemente del que me cae mal, no son casos aislados. Son un fenómeno que va en imparable aumento y ante el cual se carece de respuestas ágiles y efectivas.

La legislación en vigor es demagógicamente garantista y tolerante con los que perturba la convivencia, pero escasamente protectora con las víctimas de su insocial conducta.

Para erradicar este tipo de actuaciones sería necesario que desde la autoridad académica se articulara una política educativa preventiva y se fijaran claras medidas disuasorias. El profesorado en su gran mayoría está seriamente preocupado por los brotes de violencia en las aulas, pero carece de medios y de apoyo para atajarlos y los centros no siempre pueden garantizar la seguridad de los alumnos que les han sido confiados.

En este contexto, la citada sentencia crea un precedente peligroso que aumenta la indefensión de las víctimas. A partir de ahora, todas esas criaturas despiadadas que necesitan reafirmarse ensañándose con los débiles entenderán que su sádico pasamiento resultará prácticamente impune. Se ha pretendido- se dice- la reinserción de los agresores.

Por supuesto es deseable, pero, no es ese el camino. Ni es educativo ni rehabilitador que a los jóvenes que han cometido un gravísimo delito se les exima de recibir una sanción en consonancia. Al contrario, la indulgencia mostrada es moralmente desorientadora porque les hará pensar que, después de todo, lo que hicieron “no debía ser tan grave”. Sin duda esos chicos desalmados, necesitan tratamiento psicológico, pero no como medida sustitutoria, sino como medida necesaria.

Ante estos horribles hechos, son las autoridades educativas en unión con los padres de los alumnos, los que deben reaccionar, tomando medidas preventivas, para que la trágica decisión de JOKIN no caiga en el olvido.

Estas medidas preventivas, deben ir enfocadas a dar autonomía a los propios alumnos, quienes, con la ayuda de los educadores, centro y padres, deben reunirse periódicamente, aprobando las normas de convivencia que deben darse mutuamente, para defenderse contra aquellos que pretendan imponer la ley de la selva.

J.Carlos Bracho Gilsanz.

Abogado- Mediador.